Dibujos que buscan construirse desde el silencio. En esta serie el relato visual avanza mediante signos casi imperceptibles, donde cada intervención sobre el papel actúa como un indicio, una pista para resolver un caso mayor.
El recorrido comienza con los rostros, trazadas con una precisión contenida. Son los sujetos de esta trama, suspendidos en una ambigüedad deliberada: no hay manera de distinguir si estamos viendo a quienes acechan o a quienes serán atrapados.
Luego, la acción se desplaza hacia instantes arrancados del tiempo, residuos de una narrativa mas amplia. Un cuerpo inmerso en el agua, personas que se tensan al compartir el espacio, autos y solitarios. Toda estta acumulación de tension encuentra su punto de fuga en la escena final: el interior del auto, de formato horizontal exagerado, la trampa se cierra, se evidencia la emboscada. Ha sido forzado a detenerse por fuerzas externas que operan desde los márgenes y desde atrás.
El vacío opera donde se cifra el peligro. Es ese espacio sin resolver el que presiona a las figuras, el que las acorrala contra los bordes del papel. En ese silencio visual, la línea actúa como un alambre tenso: apenas define el contorno de una sospecha o traza el límite exacto de una sombra. La mancha, por su parte, irrumpe con el peso de lo imprevisto, oscureciendo un rastro o devorando un cuerpo entero. No se necesita más. El menor punto, la menor línea, la menor mancha bastan para que toda la trama estalle desde el fondo.